Las Escapadas de Héctor Urrego (11.05.11)

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11 Mayo 2011

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Image La Muerte en Bicicleta

Por: Héctor Urrego C.

Cuando una caravana ciclística inicia la aventura que  hace parte de su diario vivir, difícilmente está pensando o tiene en cuenta la inmensa cantidad de riesgos que le acechan en cada curva, en cada calle, en cualquier porción del territorio que le corresponde transitar.

Cada  vez que se presenta un accidente de gravedad que algunas veces incluye heridas graves  y  la pérdida de vidas, entonces  la caravana y sus integrantes tomamos conciencia de lo riesgosa que resulta  y ha resultado desde siempre , la profesión  del ciclista, el conductor, motociclista, acompañante, etc., etc.

Una vez  comienza la carrera o la etapa del día, el ciclista se convierte en el mejor equilibrista del mundo  al sostenerse  por espacios de cuatro y hasta seis horas o más apoyado en una superficie de 2 cm de ancho que es el grosor de los tubulares sobre los cuales rueda su bicicleta, lo que lo hace susceptible de caer ante la mas ligera imprecisión de sus compañeros de aventura o la mas pequeña o grande imperfección de la ruta por donde transita a velocidades muchas veces increíbles.

Imaginarse un hombre acaballado en su bicicleta corriendo  por encima de los 50 kilómetros por hora en el terreno plano en un lote de 200 corredores o al doble de esa velocidad en los raudos descensos en solitario o acompañado; saberlo disputando un embalaje masivo a 70 kilómetros en fracciones de segundo y de centímetros, es imaginarse un ser humano nacido para convivir con el peligro. No de otra manera se explica la supervivencia de un ciclista al término de una carrera deportiva que suele durar diez o más años siempre rodeado por el peligro de  caer, herirse y…. morir.

En una maldita curva, por la imprudencia de un espectador o de un conductor;  por la aparición de un animal o elemento extraño en la carretera, por la pérdida del  equilibrio, por una mancha de aceite o de agua, por una maniobra inesperada propia o extraña  y por muchas razones más, el ciclista en competencia o entrenamiento esta casi siempre al límite de sus posibilidades, se está jugando diariamente su integridad y hasta la propia vida….

….Que algunas veces suele perder, como ha sucedido anteriormente en todas partes del mundo y como acaba de suceder en el Giro de Italia con el ciclista belga Wouter Weylandt, víctima de una mortal caída en el seno del gran lote de corredores del cual hacia parte,  descendiendo una pequeña colina cuando transcurría la tercera etapa que paradójicamente él había ganado un año atrás.

La dinámica del accidente resultó fatal por la velocidad y por el impacto, lo que no dejó espacio a la acción de médicos y auxiliares que estuvieron prontos a socorrer al infortunado ciclista que como todo ser humano, deja una esposa y un hijo por nacer, una familia llena de luto y de dolor, un movimiento como el del ciclismo mundial,  ensombrecido por el luto ante la pérdida de uno de sus operarios.

La historia del ciclismo registra varias decenas de ciclistas muertos en el ejercicio de su profesión, esto es en plena competencia, pero son muchos mas los que han perdido la vida entrenándose y a causa de la violencia e incomprensión con que son embestidos por conductores que jamás tienen en cuenta la fragilidad del ciclista frente a las pesadas maquinas con las que los atropellan o trituran casi a diario.

La muerte en bicicleta está ahí, a la vuelta de  la esquina, tanto si  sales a practicar como a competir. El riesgo es latente pero tal vez sea mejor no estar pensando en ello porque entonces no sería posible montarse en la bicicleta. Pareciera más bien que el riesgo  y el peligro son  inherentes  a este deporte y seguramente por ello los integrantes de las caravanas los asumimos con naturalidad hasta que no pasa algo tan grave como lo sucedido en este Giro de Italia, o en la Vuelta a Colombia o en el Tour de Francia, cuando se presenta una catástrofe que implica la pérdida de la existencia para cualquiera de los integrantes de una caravana.

Por ser testigo presencial de diversos y desgraciados accidentes ciclísticos donde se han perdido vidas humanas, es que puedo interpretar el dolor  y el sentimiento que hoy  acompaña a la caravana del Giro, a los compañeros de equipo del ahora inolvidable Wouter  y respetuosamente hay que inclinarse  de manera solidaria  ante el inmenso pesar que deja en su país, su familia y sus compañeros de aventuras.

La muerte de Weylandt  como la de Simpson, Casartelli, Agostinho, Treviño, Barrero, y tantos mas en todas las carreteras del mundo, no hace sino recordarnos una vez mas que la muerte también va en bicicleta pero debería alertarnos a todos para tratar de evitarla o causarla hasta donde  el destino lo permita, reforzando las medidas de seguridad para el ciclista, tomando conciencia de lo que su fragilidad significa. Solo así rendiremos homenaje a quienes han ofrendado sus vidas en la bicicleta y en aras del deporte del ciclismo.  Paz en la tumba de Wouter Weylandt  quien se ha escapado del lote rumbo al infinito.


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